Moviliza

“ESTAR EN MOVILIZA ES LO MAS TERAPÉUTICO”

Marzo 2015

 

Julio Guzmán tiene 50 años, y viene de la comuna de Estación Central. Llegó a la Residencia de Santiago en abril del 2014, a sugerencia de la red de fundación Paréntesis, donde ingresó para rehabilitarse: “yo me fui por mi propia decisión de mi casa; llegué a la hospedería Padre Lavín y ahí estuve como dos meses, el 2014”. Llegó a su propio límite, pues desde niño convivió con el consumo de sustancias, alcohol y drogas de por medio.
Hoy, tiene una hija de 21 años. A principios del 2012 murió su papá, y ahí se desmembró la familia. Es el mayor de 4 hermanos, y el único hombre; tras la partida de su padre, él se quedó viviendo con su mamá.
Empezó a consumir alcohol a los siete años; su casa era como una quinta de recreo, de esas que aún quedan en el campo. En medio de las cuecas choras y cantantes, era una especie de mascota: “ahí me di cuenta que había una bodega llena de copete; y antes de ir a dormir, untaba mis chupetes en el alcohol. Y eso lo estoy trabajando, porque tengo un alcoholismo arraigado desde niño”. Las drogas también las conoció a muy temprana edad.
Cuando estaba en la hospedería, Julio llegó a compartir con más de 150 personas: “es muy distinto a acá, con apenas un compañero de pieza”. Su paso por la Residencia es temporal; está consciente de que es necesario este paso para retomar el rumbo, que había perdido por su estilo de vida. La idea es ir sorteando etapas: “no me gustaría estar mucho tiempo acá, y claro, va de la mano con mi terapia. Acá estoy tranquilo, me ofrecieron una pega, tengo hartas cosas que hacer pero estoy contento, me siento bien. Estoy en una etapa en la que me estoy encontrando, que es lo que más me ha costado, por lo del control de la ira”.
Sobre Moviliza, Julio dice que “acá, uno hace la casa; no puedo comparar este espacio con la hospedería. Estar en una misma pieza con 25 personas, con 2 ventanillas de aire... Pero la idea no es quedarse aquí: esto es pa despabilar. Sácate lo malo, y sigue funcionando pa adelante. Ya estoy hablando con el equipo, lo más probable es que me vaya a casas compartidas con el tiempo, porque quiero ser responsable y no estoy en condiciones económicas, ni emocionales, ni de salud, como para pararme solo completamente. Tengo que seguir con mi terapia, porque quiero hacer las cosas bien. Es una sanación de adentro hacia afuera... Entonces estar en MOVILIZA es lo mas terapéutico. Estoy haciendo un trabajo integral en mi persona. Me ha costado un mundo, porque el cuento del consumo está muy arraigado en mi entorno, pero sigo perseverando. La idea es no claudicar y no quedarse en el intento; no me sirve estar en consumo. He avanzado mucho, y una recaída es retroceder mucho. Estoy cansado de eso y ya no me sirve. A corto plazo, estoy bien, y a largo plazo veo lo de la apicultura, y eso también está bien, porque tener una colmena es como tener cien”.

Julio explica que “ahora estoy en un programa en el que me estoy dando cuenta de por qué el consumo; le agradezco a ese programa, porque le dio una segunda oportunidad”; la primera vez, a los ocho meses se dio el alta solo, y recayó. Aunque ha hecho muchas cosas, Julio es un hombre inquieto intelectualmente: le gusta la filosofía, la historia y la psicología. En la conversación menciona a Nietzche y habla sobre la filosofía alemana: Kant, Heidegger, Schoppenhauer, y luego pasa a lecturas más contemporáneas: Michael Fucault, Wilhem Reich.

 

Apiterapia
A Julio le brillan los ojos cuando habla de las abejas: “empecé con la apicultura como a los 15 años. Mi papá era un tipo emprendedor que siempre estaba viendo negocios, tenía una microempresa de envolturas, y conoció a un abogado que tenía lavanderías y que además tenía un campo, y él necesitaba hacer colmenas. Así que partí y a la semana volví picado entero... Desde ese entonces, fui profundizando en todo en el mundo de las abejas, que es fascinante”.
Se ganó un capital semilla del FOSIS, a través de la Fundación EMPLEA. Eso le permitió comprar una colmena, que tiene en la misma Residencia. “Es que cacharon que yo era estudioso de la apicultura: hice un diplomado en la Universidad Mayor el 2009, y varios cursos con personas de reconocimiento internacional en apicultura.”
Julio nos explica que la apiterapia es para hacer apitoxina, o sea, “aplicar toxina de abeja en microdosis”. Su idea es hacer el curso, y sacar el diploma como terapeuta. Y en materia de sanación, la idea es llegar a la apicuntura, que es como la acupuntura, pero con abejas. Y para eso lee y estudia… Le gustaría tener 200, 300, 500 colmenas.

Nos cuenta un sinfín de datos desconocidos para la mayoría: por ejemplo, que las abejas hibernan y que necesitan flores específicas; también que, junto al gusano de seda, es el único insecto que presta tal calidad y cantidad de servicios al hombre. “Me gusta la vida social de las abejas: me gustaría que los humanos fuéramos así: una abeja sola no hace nada, pero tiene una sociedad que la hace ser única; una colmena opera como un solo animal. Somos muy ignorantes de la naturaleza, no tomamos conciencia”.
La reina de esta colmena es tímida y pudorosa; “se deja ver poco, se esconde...” Julio explica que el panal es una parte de la colonia; lo que él tiene, es una colmena: “esto es apicultura moderna y urbana; en París, tienen en azoteas varias colmenas, con la torre Eiffel de fondo...”
Julio sonríe, y remata convencido: “estoy adquiriendo herramientas para mantenerme bien, en abstinencia, pese a que he tenido recaídas pero sigo en camino. Estoy con hartos proyectos a futuro, me estoy dando el tiempo y estoy retomando todo lo que he aprendido en mi vida...”




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